Las bacantes, también llamadas las báquides, hace referencia a aquellas mujeres seguidoras y adoradoras de Baco, dios del vino, el éxtasis, la danza y el teatro. La historia se desarrolla en Tebas y trata del mito de Dioniso (Baco o Bromio) y de la tragedia de Penteo, rey de Tebas.
Mito: Dioniso es hijo del dios Zeus y la mortal Sémele (hija de Cadmo, rey de Tebas). El día del parto, en medio de los dolores Sémele murió tras ver a Zeus en su forma divina y no humana, pues ningún mortal podía sobrevivir frente a la presencia de Zeus y su rayo. Este hijo fue producto del adulterio de Zeus, por lo que este escondió al niño en su muslo para protegerlo de la ira de Hera hasta su nacimiento y lo llamó Dioniso (el nacido dos veces). Por otra parte, las hermanas de Sémele, envidiosas nunca le creyeron que esta había tenido un romance con Zeus y menos que esperara un hijo de él. Cadmo dio en herencia el reino a su nieto Penteo (primo de Dioniso), hijo de Agave (hermana de Sémele), y éste se rehusó al culto de Baco y ni siquiera lo mencionaba en sus plegarias. Dioniso se propuso vengar la muerte de su madre y demostrarle a Tebas que él sí era hijo de Zeus y, por lo tanto, era un dios.
Tragedia: a Tebas llegó Dioniso, quien previamente había fundado su culto en diferentes pueblos. El relato cuenta que las mujeres dejaban sus hogares y subían al monte Citerón para adorar a Dioniso con festines. Y entre nuevas vestiduras, el baile y la bebida de vino entraban en unos estados de éxtasis y frenesí, que incluso destrozaban animales con sus propias manos.
Penteo, rey de Tebas, pretende oponerse al nuevo culto y acusa al extranjero Dioniso de pervertir a las mujeres, dañar matrimonios y acabar con las buenas costumbres del pueblo. Dioniso advierte a Penteo una maldición por resistirse a adorar a Baco e impedir que los tebanos rindan culto a este dios. Aunque en un primer momento captura a Dioniso, luego lo deja en libertad y le sigue la idea de disfrazarse de mujer para no ser reconocido y así llegar hasta las mujeres adoradoras de Baco y asesinarlas. Entre estas mujeres se encontraba Agave, madre de Penteo, quien ejercía como una de las líderes y sacerdotisas de la adoración baquiana.
Siguiendo la idea de Dioniso, Penteo se disfraza de mujer y sube a Citerón junto a sus soldados para dar muerte a las mujeres. Logra ascender hasta la cima de un árbol desde donde observa los rituales de danzas, bebidas y desenfreno. Penteo es descubierto por Agave, quien advierte y anima a las mujeres a dar captura y muerte al invasor espía. Las bacantes lanzaron piedras, ramas y sus tirsos, sacudieron fuertemente el árbol, intentaron treparlo y finalmente lo derribaron. Agave y las demás mujeres, quienes estaban en un estado de locura, acaso embriaguez, sin reconocer a Penteo, le arrancaron sus miembros y órganos del cuerpo y los esparcieron por los árboles y el monte. Su cabeza fue tomada como trofeo por Agave, quien la exhibió clavada en la punta de su tirso a los tebanos. Finalmente, su padre Cadmo, antiguo rey de Tebas, la hace entrar en razón y una vez recobrado el juicio, ella misma reconoció la tragedia que había caído sobre la familia, pues asesinó a su propio hijo al no reconocerlo.
Apuntes personales: considero que esta tragedia supone la imprudencia de los mortales ante los dioses, no solo al no reconocerlos como un asunto personal, sino al oponerse a que los demás también lo hagan. Los mortales entonces tienen por obligación creer y adorar a las deidades, de lo contrario, serían castigados con horribles muertes o situaciones terribles y tortuosas. Hay una condición de condena natural humana, una vida sin elección sino sometida a la adoración de algún dios.
Hay dos personajes que representan un contraste: por una parte, Penteo como lo tradicional. Por otra parte, Dioniso como la novedad. Penteo es aquello que está establecido y se toma por moralmente bueno, luego es esto la costumbre, la normalidad, el orden. Dioniso es aquello que surge para desestabilizarlo todo, ofrece movimiento, felicidad, nuevas ideas, experiencias emocionales y corporales profundas, libertad, pero también locura, horror y descontrol. La obediencia a Penteo es la mesura, la contención del yo mismo, el seguimiento a lo instituido, el no imaginar siquiera algo fuera de la tradición pues resultaría algo irracional, peligroso y destructor. El culto de Dionisos es la vivencia del placer en danzas, en el alcohol y la alegría; lo dionisiaco es liberador, la oposición a la imposición, es dar al yo su expresión sin temores, dar lugar a la euforia y a la embriaguez del cuerpo, el alma y la consciencia.
Por último, en esta tragedia destaco el protagonismo que da el autor a las mujeres, cuando son ellas quienes deciden rebelarse contra los roles de género impuestos socialmente para ir tras sus propias convicciones. Se muestra entonces a mujeres en otras facetas, las que no quieren tener hijos, las que no quieren llevar una vida de familia ni de hogar, las que disfrutan del baile y del vino, las que se entregan al placer del amor libremente, las que lideran discursos y cultos, las que forman hermandades en pos de un ideal. En esta tragedia el corifeo es una mujer y ya eso es también muy importante, el protagonismo en escena. Eurípides pone a las mujeres en un lugar especial para los dioses, pues son ellas quienes son capaces de generar procesos políticos, sociales y religiosos, transgredir las costumbres para ejercer la libertad de pensar y actuar conforme a dichos pensamientos.
Referencia: EURÍPIDES. Traducción de Ángel Ma. Garibay K. (1963). Báquides. En: Las diecinueve tragedias. Editorial Porrúa. México. Vigésima segunda edición (2009), pp. 635-668.

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