Edipo en Colono es una de las partes de la saga de Edipo y del Ciclo Tebano. Trata los últimos días en la vida de Edipo, ahora sin ojos y expulsado de Tebas. En la historia se revela la compasión de Antígona e Ismene por su padre Edipo, pues son las únicas que permanecen junto a su padre de manera incondicional. Antígona, se ha convertido en lazarillo de Edipo, y después de caminar por mucho tiempo ambos se detienen en un bosque a descansar y en búsqueda de un refugio definitivo para que Edipo pueda recibir la muerte y tener una digna sepultura.
El lugar donde llegaron Antígona y Edipo es sagrado, queda en Colono, muy cerca de Atenas y pertenece a unas diosas innombrables y aterradoras. Y aquí me causa mucha curiosidad porque justamente cuando Edipo pregunta por el lugar, un habitante de una zona cercana le dice “es un lugar intangible y no habitable, pues lo ocupan las temibles diosas, las hijas de Tierra y Sombra. Concretamente, la gente aquí las llama Bienintencionadas que todo lo ven”, por lo que me lleva a pensar que este bosque es asombroso y majestuoso, que transmite horror, silencio y misterio a la vez. El habitante le pide a Edipo que abandone dicho lugar porque es sagrado y un mortal no podría resistirse a estar allí. Sin embargo, le dice que no es digno de expulsarlo él mismo, sino que será el rey de Atenas quien así lo decida.
Teseo, hijo de Egeo, es rey de Atenas y se presenta ante Edipo, quien previamente ha sido interrogado por algunos habitantes, temerosos de alojar al antiguo rey de Tebas, pues lo consideran maldito y temen recibir castigo de los dioses por brindar hospitalidad a este personaje cuya historia trágica es bien conocida en Grecia. Teseo, hombre sabio, decide darle lugar a Edipo, acogerlo con respeto y piedad. Por aquel entonces, en Tebas un oráculo anuncia que grandes desastres llegarán y solo la presencia de Edipo podría salvar nuevamente a la ciudad de Tebas. El oráculo declaró que aquella ciudad que tuviese el cadáver de Edipo sería salvaguardada y victoriosa siempre. Esta profecía es revelada a Edipo por boca de su propia hija Ismene, quien viajó a caballo sola y a escondidas de Creonte y de sus hermanos desde Tebas hasta Colono, lo cual fue una hazaña, puesto que dicen algunos que en la Antigua Grecia ninguna mujer podía viajar sola, ¡Pues no es así! Aquí la prueba.
Un día, Polinices, hijo mayor de Edipo, se presenta ante su padre y le pide que por favor regrese a Tebas para que ordene a Eteocles (hijo menor de Edipo) entregar el trono a Polinices. Propuesta ante la que Edipo se niega, al tiempo que le recuerda que sus hijos varones nunca le brindaron apoyo, no se opusieron a su expulsión de Tebas y lo abandonaron. Después se presentó Creonte, su cuñado, y también le propuso que regresara a Tebas para que pudiese morir en su propia ciudad. A lo cual Edipo también se negó, al tiempo que le recordó a Creonte lo oportunista que siempre fue mientras Edipo ocupó el trono de la ciudad. Está claro que Creonte solo quería el cadáver de Edipo en Tebas, para obtener los beneficios según lo reveló el oráculo.
Edipo decidió quedarse en Colono y allí recibió a la muerte. Teseo le concedió sepultura en el bosque sagrado de las diosas y prometió no revelar el sitio exacto de la tumba, ni siquiera a Antígona e Ismene. Edipo prometió cumplir su promesa de proteger a la ciudad de Atenas y a los ejércitos de Teseo por darle hospitalidad y lugar a su cadáver. Por último, Teseo promete dar buenos tratos a Antígona e Ismene y por supuesto, cumplir con el Pacto hecho a Edipo con respecto a su tumba.
Adición de anotaciones personales: lectura breve y transitoria, que exalta varios aspectos. Primero, Atenas como una ciudad culta y acogedora de extranjeros, por esto, se puede deducir que en Atenas había una diversidad cultural, de costumbres y pensamientos. Segundo, la grandeza de Teseo, rey de Atenas, hombre prudente, observador y sabio. Es Teseo quien nunca dudó en brindar ayuda y hospitalidad a Edipo, en complacerlo y protegerlo. La lealtad de Teseo, permitió mantener firme su pacto con Edipo, el ocultamiento del lugar exacto de su tumba y la protección a sus hijas. Teseo concede a Antígona e Ismene, enviarlas de vuelta a Tebas. Tercero, los sitios determinados habitados por presencias divinas, es aquí el caso del bosque consagrado a las Euménides, también conocidas como las Furias, diosas muy temibles que castigaban especialmente a quienes cometían crímenes contra su propia familia, lo cual resulta paradójico que a Edipo se le concedió descansar, tras su muerte, en este lugar. Cuarto, el tributo a la muerte, pues se evoca la juventud como aquellos mejores años de la vida, pero que luego sobreviene la vejez con múltiples calamidades. Quinto, la tenacidad de Antígona e Ismene al amar, defender y estar junto a su padre hasta la muerte. Aunque Antígona quiso morir de dolor, al final comprendió los deseos de su padre, morir tranquilo. Sexto, la humildad de Edipo, al reconocer la grandeza de Teseo y tener respeto por las diosas Furias. Edipo promete a Teseo proteger para siempre a la ciudad de Atenas en agradecimiento por permitirle morir y reposar allí.
Ahora, Antígona e Ismene de regreso a Tebas, se enfrentarán a los desacuerdos de sus hermanos Polinices y Eteocles en la lucha de estos dos por ocupar el trono real. Ya encaminada estoy a mi próxima lectura: Antígona.
Referencia: Sófocles (c. 496-406 a. C./2016). Tragedias completas (José Vara Donado, Trad.). Madrid: Cátedra, pp. 391-456).
Por: Marizel Alejandra Garzón De Las Salas

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